Introducción
Cerrar una etapa profesional siempre invita a la reflexión. Hace seis meses entré a apatayana con muchas ganas, pero también con la incertidumbre propia de quien da sus primeros pasos en el mundo del marketing digital. Hoy, al terminar mis prácticas profesionales, miro atrás y me doy cuenta de que no solo aprendí sobre algoritmos, sino sobre resiliencia y confianza personal.
El inicio: De la pantalla en blanco al dominio del SEO
Mi misión principal fue clara desde el día uno: generar contenido de valor para posicionar a la agencia de manera orgánica. En un mundo donde parece que hay que pagar por cada clic, nuestro reto fue el SEO (Search Engine Optimization).
Me encargué de la creación de blogs, TikToks, Reels y Shorts. Pero les seré sincero: mis primeros videos fueron, probablemente, los peores que he visto en mi vida. No sabía editar, no entendía de transiciones y la técnica me era ajena. Sin embargo, esa fue la chispa. Me dediqué a estudiar, a probar trucos nuevos y a fallar rápido. Poco a poco, esos videos mediocres se convirtieron en contenido de alta calidad que atrajo likes, seguidores y, lo más importante, visibilidad real para la agencia sin invertir un solo peso en publicidad.
La creatividad bajo presión: Un arma de doble filo
No todo fue sencillo. El mayor reto no fue técnico, fue mental. Hay días en los que la creatividad simplemente no nace. Sentir la obligación de crear algo nuevo, fresco y viral cada semana puede llegar a ser agobiante.
Sin embargo, descubrí algo valioso: la presión bien enfocada refina el talento. Esa exigencia semanal me obligó a profesionalizar mis procesos y a elevar mi nivel. Aprendí que la creatividad también es una disciplina que se entrena.
Mi gran pasión: La conexión humana y las ventas
Además del contenido, tuve la oportunidad de liderar una parte estratégica: la captación de clientes. Trabajamos en un proyecto fascinante con Alibaba, donde nuestro objetivo era sumar empresas mexicanas al ecosistema de exportación global.
Con una base de datos de miles de empresas, mi labor era contactarlas, generar interés y agendar reuniones. Descubrí que, aunque me apasiona el marketing, vender es lo que realmente me mueve. Me sentí en mi elemento. Lograr que una empresa confiara en nosotros para dar el salto a mercados internacionales fue la parte más gratificante de mi estancia. Esta experiencia me hizo un vendedor mucho más seguro, estratégico y natural.
“En apatayana aprendí que el marketing atrae las miradas, pero la confianza es la que cierra los tratos.”
Un cierre y un nuevo comienzo
Me voy de apatayana agradecido. Me llevo la capacidad de posicionar una marca desde cero, el criterio técnico para crear contenido de alto impacto y, sobre todo, la seguridad de que las ventas y la relación con el cliente son mi mayor fortaleza.

Agradezco a la agencia por la confianza y por darme las herramientas para transformar mis “peores videos” en una carrera profesional con propósito.
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