Hay momentos que no parecen importantes cuando ocurren, pero después te das cuenta de que te cambiaron la forma de ver tu propio negocio. Para mí, uno de esos momentos fue el día en que dejé de pensar que vender fuera del país era un privilegio exclusivo de las empresas gigantes.
El concepto de este video nace de esa confesión silenciosa: de ese instante en el que estás empacando un pedido, abriendo tu laptop o revisando tus productos, y de pronto te cae el veinte.
El formato minimalista está pensado así por una razón: porque no necesitas una gran producción para mostrar una gran transformación. Solo las manos de un emprendedor y un pensamiento que cambia todo. Es una historia íntima, pero universal; muchos emprendedores han crecido con la idea de que exportar es complejo, costoso o inalcanzable. Yo también lo creía, hasta que descubrí una plataforma donde el mundo compra, y de pronto lo que parecía imposible se volvió alcanzable.
Ese día marcó un antes y un después. No porque ya estuviera vendiendo internacionalmente, sino porque entendí que si podía El resto vino después: las consultas, los mensajes, los primeros interesados de otros países.
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