Este fin de año, mientras hacía una pausa para revisar cómo había sido mi camino como emprendedora, me di cuenta de que gran parte de mis frustraciones no venían de lo que realmente estaba pasando en mi negocio, sino de todas las ideas que había adoptado sin darme cuenta: creencias antiguas, exigencias que nunca elegí y miedos que fui normalizando porque “así son las cosas cuando emprendes”; y entre más lo pensaba, más entendía que si quería un 2026 diferente tenía que empezar por limpiar mi mente de todo aquello que me hacía sentir limitada, agotada o insuficiente; por eso decidí que hay muchas cosas que no pienso cargar conmigo el próximo año, como la idea de que solo las grandes empresas pueden innovar, o ese pensamiento desgastante de que para que algo “valga la pena” tiene que ser enorme, costoso o demasiado complejo; también quiero dejar atrás ese hábito de dudar de mis decisiones solo porque no se parecen a las de los demás, y esa tensión constante de sentir que tengo que demostrar algo en cada paso; y en medio de este proceso de soltar, me di cuenta de que una de las cosas que más me ayudó a replantear mi visión del emprendimiento fue explorar Alibaba con curiosidad y sin expectativas, porque ahí encontré algo que no sabía que necesitaba: evidencia real de que sí existen proveedores que respetan los pedidos pequeños, que sí hay opciones para emprendedoras que no quieren arriesgarlo todo, que sí puedes pedir muestras simples y rápidas y que sí es válido partir de un producto ya existente para construir algo que lleve tu esencia; ver eso me quitó una capa enorme de presión, porque entendí que el crecimiento no siempre viene de trabajar más duro, sino de permitirte trabajar mejor, con herramientas que realmente te acompañan; y esa sensación —la de sentir que tengo permiso de avanzar sin cargar con la culpa, sin cargar con el miedo y sin cargar con ideas que ni siquiera me pertenecen— es justo lo que quiero llevarme al 2026: una mentalidad más abierta, más compasiva conmigo misma, más creativa y más dispuesta a experimentar, porque creo sinceramente que cuando dejas de alimentar creencias que te frenan, tu negocio empieza a moverse con una ligereza y una claridad que no habías conocido antes, y eso, al final, vale más que cualquier objetivo que pudieras haber escrito en una lista de Año Nuevo.
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